Kant, igual que muchos de nosotros, dijo no a la guerra porque la consideró una de las más graves afrentas contra la humanidad por los males que genera. Estos males implican devastaciones, expolios y empobrecimiento de los Estados debido a los cuantiosos gastos que suponen las guerras. Pero los males verdaderamente importantes, según Kant, son la pérdida de la libertad, el sometimiento y el embrutecimiento de las costumbres. Fueron éstas las razones que llevaron a Kant a diseñar un proyecto político cuya razón de ser fue la paz; y son éstas las razones que alientan hoy nuestro grito ¡no a la guerra!
Ser es hacer.
La educación es el desarrollo en el hombre de toda la perfección de que su naturaleza es capaz.
Pensamientos sin contenidos son vacíos; intuiciones sin conceptos son ciegas.
El Estado, al igual que el suelo sobre el que se halla situado, no es un patrimonio. Consiste en una sociedad de hombres sobre los cuales únicamente el Estado tiene derecho a mandar y disponer. Es un tronco que tiene sus propias raíces.
Kant distingue la voluntad santa y la voluntad humana:
Voluntad santa es aquella que sólo puede ser determinada por la razón, nunca por la inclinación, como ocurre en Dios. Para esta voluntad la ley moral no tiene la forma de imperativos puesto que inevitablemente, dada su constitución, cumplirá la ley.
La voluntad humana puede ser determinada, además de por la razón, por la inclinación. Dado que la inclinación puede movernos a realizar una acción contraria al deber, en nuestro caso la ley moral tiene la forma de
imperativo (“debes hacer X”).
Tan sólo por la educación puede el hombre llegar a ser hombre. El hombre no es más que lo que la educación hace de él.
Es imposible refutar al ignorante en una discusión
Así pues, libertad y ley práctica incondicionada se implican recíprocamente una a otra
Principios prácticos son proposiciones que encierran una determinación universal de la voluntad a cuya determinación se subordinan diversas reglas prácticas
Toda cultura, todo arte que forma un adorno a la humanidad, asi como el orden social más bello, son frutos de la insociabilidad que se esfuerza para disciplinarse a sí misma imponiéndose estos artificios
Fórmula de la ley universal
"Obra sólo según una máxima tal que puedas querer al mismo tiempo que se torne ley universal"
Fórmula de la ley de la naturaleza
"Obra como si la máxima de tu acción debiera tornarse, por tu voluntad, ley universal de la naturaleza"
Fórmula del fin en si mismo:
"Obra de tal modo que uses la humanidad, tanto en tu persona como en la persona de cualquier otro, siempre como un fin al mismo tiempo y nunca solamente como un medio"
Fórmula de la autonomía:
Obra como si por medio de tus máximas fueras siempre un miembro legislador en un reino universal de fines"
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