sábado, 18 de mayo de 2013

FORMACIÒN DE LA AUTONOMÌA DE LA VOLUNTAD

R. M. Hutehins declara que el fin principal de la enseñanza es desarrollar la inteligencia y, especialmente,
enseñar a desarrollarla por tanto tiempo como es capaz de progresar”

En psicología infantil, muchos autores continúan
pensando que la formación de la inteligencia obedece a las leyes del aprendizaje”

Las opciones estarán muy diferenciadas y comportarán múltiples
ramas técnicas, de las cuales cada alumno deberá elegir una al menos durante
toda la enseñanza secundaria, lo que implica talleres apropiados y una
regionalización de la enseñanza.  En segundo lugar, la Comisión Parent no quiere
que el silencio y el inmovilismo sigan siendo las grandes virtudes escolares. Por
tanto, los métodos serán activos en estrecha conformidad con los datos de la
psicología infantil, lo que supondrá una preparación más completa y más científica
del conjunto de los maestros (en la universidad, como veremos, y para todos los
grados) y ante todo, dice el informe, i un trabajo en equipo más estrecho entre los
mismos profesores!
Pero lo más característico es que la Comisión Parent propone la supresión de los
exámenes, puesto que el fin de la escuela es la formación de los alumnos en los
métodos de trabajo y no el triunfo en una prueba final que se basa Únicamente en
una acumulación momentánea de conocimientos.

Igualmente puede decirse que el pensamiento está
adaptado a una realidad particular cuando ha conseguido asimilar a sus propios
marcos esta realidad acomodándose a las circunstancias nuevas presentadas por
ella: la adaptación intelectual es, por tanto, una posición de equilibrio entre la
asimilación de la experiencia a las estructuras deductivas y la acomodación de
estas estructuras a los datos de la experiencia.

Mucho mejor que el método de exámenes, esta observación del trabajo
del alumno constituye un dato esencial y, debido a la confianza que en él se tiene, a
veces se propone la supresión de los exámenes (como la Comisión Parent en el
Canadá). Sin embargo, en los últimos años se han hecho dos objeciones.  La
primera parece puramente formal, pero tiene su importancia pedagógica: en lugar
de evaluar los resultados de los alumnos mediante notas en cifras (escala de 0 a
10 o a 20) algunas escuelas se han felicitado al sustituirlas por apreciaciones
cualitativas (bien” o “aún hay que hacer un esfuerzo”, etc.) que se han revelado más
estimulantes y finalmente más objetivas que las “medias”, pues se sabe bastante
bien que el carácter numérico o pseudomatemático es puramente simbólico.
La otra objeción es más grave: la evaluación del trabajo continuado del alumno no
es sólo relativa al maestro, en quien puede tenerse confianza, sino a los métodos
empleados en ese trabajo. En efecto, sólo en un ambiente de métodos activos el
alumno alcanza su pleno rendimiento, mientras que en toda situación en que se
emplean métodos receptivos existe el peligro de sobrestimar a los que están
fuertes en un tema y a las mentes estudiosas sin darse cuenta de aquellas
cualidades que no tienen ocasión de manifestarse y que un examen psicológico
profundo pondría en evidencia.


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